“EL ZIKA Y LOS PANTEONES PERDIDOS DE COLIMA”

¿Sabías que? Hace dos siglos Colima sepultaba a sus difuntos bajo el suelo de La Catedral. No en las bóvedas subterráneas, si no, a pocos metros de donde te sientas a escuchar misa. Muchos asisten ahí a bodas, XV años, bautizos etc. pero pocos saben de la existencia de este hecho.

En los archivos municipales de Colima, que datan de los siglos XVI, XVII, XVIII y principios del siglo XIX, están documentado los entierros dentro de la antigua capilla mayor de Colima. Antes de que se construyera la catedral había cientos de cadáveres que descansaban en el recinto sagrado.

Eso si, era un lugar reservado para los ricos. La gente pobre de esos años acostumbraba sepultar a sus difuntos en los patios de sus casas, o en algún potrero o rancho, cosa que se había hecho desde muchos años atrás.

Pero ¿Por qué dejaron de hacerlo? Pues sucede que a mediados de 1830 acaeció en el territorio un terrible brote de cólera que golpeó durísimo a la población. Murieron cientos de personas en pocos meses. Ésta epidemia colmó la capilla de algunas iglesias al grado de no poder oficiar misa por el insoportable olor a muerte, por esa razón, se mandó a construir un cementerio alejado de la ciudad con la idea de evitar nuevos brotes.

La ubicación de uno de estos cementerios se situó durante el siglo XVIII en el terreno del Palacio Federal (frente al Jardín Nuñez), al ser insuficiente cambiarob el cementerio a un lugar conocido como el camposanto de El Moralete y estaba ubicado en lo que hoy es av. Madero esq. con Calzada Galván, en la capital.

Una puerta grande viejísima de ladrillo y piedra era su entrada y ultimo pasadizo de los cuerpos que se iban de este mundo. Es macabra la idea de imaginar que en ciertas ocasiones cuando iban las procesiones a llevar cuerpos por la actual calle Madero, se topaban con el arrollo El Manrique, como no había puente tenían que cruzar mojándose con y sufriendo dificultades al subir la pendiente cargando al muerto.

Cuentan autores que varias veces el cajón rodó hasta el río junto con los que lo cargaban. Por esa razón se mandó a construir un puente unas décadas más tarde. La cosa no acaba aquí. El cementerio de El Moralete fue suficiente para la población que tenía Colima en aquellos años. Pero las pesadillas mas graves estaban por suceder.

Corría el verano de 1883, oriundo de Panamá arribó al puerto de Manzanillo un barco con un cargamento macabro. Llevaba semanas con muertos y enfermos a bordo por la fiebre amarilla. Así empezó a contagiarse esa enfermedad en el territorio, cobrando su primera víctima: un joven de 24 años que tenía un mes en el puesto de aduanas.

Los barcos de la muerte propagaron la terrible epidemia de fiebre, en uno de ellos viajaba una cantante famosa de esa época llamada “La Peralta” con toda su banda de música, tocaron puerto en Manzanillo para dejar a un enfermo y al agarrar rumbo a Mazatlán murieron en el mar a consecuencia de dicha peste. Ese año Colima se llenó de muertos. Algunos autores afirman que de nueva cuenta la calamidad casi acabó con la población.

El panteón de El Moralete no dio abasto, por esa razón se tuvo que hacer uso de un terreno que un acaudalado había donado al pueblo de Colima y se conoció como el potrero de «Las Víboras»( que es donde se ubica el actual panteón o cementerio civil de la ciudad). Los que viven por ese barrio notan en sus recibos y cuentas que hoy en día la colonia lleva el mismo nombre del predio.

Reflexionando sobre todas las tragedias que han acaecido en el territorio, destapamos algunas historias ocultas, como la de los cementerios, y otras pestes que le apuesto cien pesos que desconocía.

El tema actual del Zika o la Chincungunya queda como “una cosa que ha pasado siempre” No es ninguna novedad, que las tierras con el temperamento duro como es Colima pasen este tipo de cosas. Lo importante es recordar y saber lo que ha sucedido en el pasado, y la determinación que ha tenido la gente para salir delante de los males que se presentan.

He escarbado en el pasado y encontrado mucha información, si le gustó este artículo déjenos su “Like” a la página «Colima de Ayer»

Redacción y fotografías: Osvaldo Mendoza (El Legendario Baldo)
Fuentes: Abelardo Ahumada, Huerta, San Miguel, Vázquez Lara , Florentino