Los niños, los más afectados por la operación de los “minicasinos”

Los niños que frecuentan las máquinas tragamonedas entran en una modificación de sus hábitos y costumbres. Pierden la noción del tiempo, adquieren vicios y  malas costumbres, por lo que son los principales clientes de este negocio ilícito, que está sin control en las zonas periféricas de la metrópoli.

Expertos indican que, detrás de estas maquinitas, hay daños a la economía, al subdesarrollo personal, al aprendizaje y daños en su estructura mental, porque no avanzan.

Lo grave es que, cuando se vuelve una adicción, los menores de edad buscan otras maneras de hacerse llegar de recursos para seguir jugando. Así inicia el mal hábito.

Según el estudio “Prevención y combate al juego ilegal” del Gobierno federal,  se remarca que las máquinas tragamonedas “son una fuente de corrupción de menores. Su uso no es un juego, es una adicción que abre la puerta a la delincuencia”.

Recuerda que las aparatos que se encuentran instalados en lugares sin autorización de la Secretaría de Gobernación son ilegales. 

“Su uso no es un juego, es una adicción que abre la puerta a la delincuencia”.

En el documento se presume que detrás del uso y la instalación de este tipo de máquinas existe una amplia red de delincuencia organizada. “De acuerdo con información obtenida a través de la Secretaría de Gobernación, estas máquinas, a nivel nacional, generan un ingreso aproximado de 600 millones de pesos semanales”.

Se añade que representan un peligro latente para la sociedad. “Estudios demuestran que la adicción que genera este tipo de máquinas es considerada por los médicos como la ‘cocaína-crack’ de los juegos de apuestas”.

Entre los efectos negativos, se puntualiza también que la adicción de menores de edad a las maquinitas  implica en la mayoría de los casos deserción escolar. 

“Y va acompañada de actos de violencia para obtener dinero (robos o pandillas). Generan una falsa expectativa para obtener recompensas económicas sin hacer mayor el esfuerzo”.  

Por eso se recomienda a los padres de familia vigilar cuando los menores tienen esta “afición” para actuar de inmediato.